Mejorar la calidad y el rendimiento agrícola

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Ante los retos que plantean la seguridad alimentaria, la transición agroecológica y el cambio climático, la cuestión del rendimiento de los cultivos es más importante que nunca. Producir más, sin duda, pero sobre todo producir mejor: con recursos limitados, en contextos a menudo difíciles y manteniendo la calidad de las cosechas.

Descubra aquí una visión clara y concreta sobre el rendimiento agrícola: su definición, los factores que lo influyen, las palancas de optimización y el papel que pueden desempeñar los bioestimulantes para mejorar de forma sostenible el rendimiento agrícola.

Rendimiento agrícola: datos esenciales para comprenderlo

¿Cuál es la diferencia entre rendimiento y producción?

La producción agrícola corresponde al volumen total cosechado en una parcela, una granja o un territorio. El rendimiento, por su parte, se expresa por unidad de superficie: toneladas por hectárea, quintales por hectárea o kilogramos por metro cuadrado en Francia, según los cultivos. En otros países, como Estados Unidos, se utilizan otras unidades, como bushels por acre o libras por acre. En todos los casos, el rendimiento permite comparar objetivamente la eficacia de un sistema de cultivo.

¿Cómo se calcula el rendimiento agrícola?

El cálculo es sencillo: Rendimiento = Cantidad cosechada ÷ Superficie cultivada.

Por ejemplo, 6000 kilos de patatas cosechadas en 1 hectárea dan un rendimiento de 6 toneladas por hectárea (t/ha).

¿Para qué sirve el rendimiento?

El rendimiento agrícola permite identificar los márgenes de mejora, comparar campañas y ajustar las prácticas técnicas. Por lo tanto, es fundamental para la gestión agronómica y económica de las explotaciones.

¿Cuáles son los principales factores que influyen en el rendimiento agrícola?

El rendimiento agrícola es el resultado de una compleja combinación de factores agronómicos, medioambientales y técnicos. Comprender su interacción es esencial para identificar las palancas de mejora adecuadas para cada cultivo y cada contexto edafoclimático.

Estos son los principales elementos que influyen directa o indirectamente en el rendimiento de los cultivos:


La calidad del suelo:
estructura, materia orgánica, capacidad de retención de agua, actividad biológica… Un suelo vivo es la base para un buen rendimiento de los cultivos.

 


Nutrición vegetal:
un aporte equilibrado de nutrientes (nitrógeno, fósforo, potasio, oligoelementos) es indispensable para favorecer el crecimiento.

 


Las condiciones climáticas:
temperatura, pluviometría, insolación y fenómenos extremos (heladas, olas de calor, granizo) tienen un impacto directo en el desarrollo de los cultivos.


La gestión del agua:
el riego o la pluviometría natural influyen considerablemente en el rendimiento, especialmente en períodos de estrés hídrico.


El material vegetal utilizado:
elección de variedades, semillas certificadas o no, adaptabilidad a las condiciones locales.

 


Las prácticas culturales:
densidad de siembra, rotaciones, deshierbe, labranza, etc.

A estos factores se suman las presiones bióticas (enfermedades, plagas) y abióticas (sequía, salinidad, calor), cada vez más frecuentes.

¿Cómo mejorar el rendimiento agrícola sin comprometer la sostenibilidad?

Mejorar el rendimiento agrícola no significa necesariamente aumentar los insumos. Por el contrario, los sectores agrícolas se orientan cada vez más hacia soluciones técnicas que permiten optimizar los recursos y limitar el impacto medioambiental. El objetivo ya no es solo cuantitativo, sino también cualitativo y sostenible.

Entre las medidas más eficaces se encuentran: una gestión razonada de los insumos (fertilización, riego), la implantación de rotaciones diversificadas, la cobertura permanente del suelo o el recurso a prácticas de conservación como la siembra directa o el laboreo mínimo. Estos enfoques agroecológicos permiten mantener la fertilidad del suelo y reducir la dependencia de los productos fitosanitarios.

El éxito también pasa por una adaptación precisa a los contextos edafoclimáticos, con un control cada vez más preciso de los cultivos, ya sean cultivos perennes, Horticultura y cultivo de hortalizas o grandes cultivos y plantaciones. Sensores, herramientas de ayuda a la toma de decisiones, análisis periódicos… La combinación de la observación sobre el terreno y la innovación técnica permite hoy en día plantearse una agricultura eficaz, más resistente al clima y mejor preparada para responder a los retos de la seguridad alimentaria.

Los bioestimulantes: una herramienta para mejorar la calidad y el rendimiento de los cultivos

Los bioestimulantes se han convertido en herramientas técnicas por derecho propio para ayudar a los agricultores a mejorar sus rendimientos. A diferencia de los fertilizantes o los productos fitosanitarios, no actúan directamente sobre la nutrición o la protección de las plantas, sino sobre su fisiología, estimulando sus funciones naturales.

Utilizados como complemento de una estrategia agronómica razonada, los bioestimulantes pueden reforzar el desarrollo radicular, mejorar la asimilación de nutrientes, aumentar la tolerancia al estrés abiótico (sequía, calor, salinidad…) u optimizar el vigor de las plantas en etapas clave. También contribuyen a una mayor homogeneidad de los cultivos, a un mejor calibre de las frutas o verduras y a una calidad visual apreciada después de la cosecha.

Independientemente de su composición, los bioestimulantes se integran en un enfoque sostenible y técnico. Al movilizar el potencial biológico de las plantas, permiten plantear una agricultura eficaz, más resistente a las incertidumbres y más acorde con las expectativas de la sociedad en materia de sostenibilidad.

Producir mejor y de forma sostenible con bioestimulantes

Para mejorar sus rendimientos sin comprometer la sostenibilidad de sus prácticas, los bioestimulantes ofrecen soluciones concretas y probadas. Al estimular las funciones naturales de las plantas, le permiten ganar en eficacia, calidad y resiliencia. Explore su potencial e intégrelos en sus itinerarios técnicos para cultivar con rendimiento, responsabilidad y confianza en el futuro.

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